Rescato aquí un artículo mío oublicado en el año 2004 en la revista Anarda y que he encontrado en varios lugares de la red; en algunos citando al autor y en otros sin mención a él. No discuto en él los temas por los caules el libro fue polémico, simplemente me limito a registrar graves errores científicos concretos del autor y que en su tiempo pasaron desapercibidos por mor del tema religioso que el libro incluía.
Si existe un ejemplo claro de los “valores” que definen a nuestra actual sociedad, es evidente, que una de sus mejores muestras la tenemos en “El Código da Vinci”. Es un libro que jamás se me hubiese ocurrido leer si no hubiese sido por la “presión social” de los muchos correos que vengo recibiendo y que hacen comentarios sobre el mismo.
En primer lugar debo de aclarar que el autor es un IGNORANTE, así con mayúsculas. Y es una definición, no un insulto ni un menosprecio, Dan Brown es un desconocedor de la historia de la ciencia. Y lo malo es que, como dice un viejo refrán, “nada hay más atrevido que la ignorancia”. Él, y los asesores científicos de la editorial (que se supone debía de estar alerta a los “gazapos”), se permiten poner, negro sobre blanco, datos como los siguientes:
“El matemático Leonardo Fibonacci creó esta sucesión de números en el siglo XIII”, (pgn. 83).
El matemático Fibonacci publicó esa serie de números, junto con varias de sus curiosas propiedades, y algunos procedimientos de álgebra que había recogido de sus aprendizajes de la ciencia musulmana, que ya tenían noticia de dicha serie desde siglos atrás, probablemente recibida de la matemática hindú.
Pero prosigo con otras dos citas textuales:
“Los cocientes de los números precedentes poseían la sorprendente propiedad de tender a 1,618 es decir al número Phi.” (pgn. 120).
“Los primeros científicos bautizaron al 1,618 como «La Divina Proporción»” (pgn..121).
En primer lugar, el denominado “número phi” (que no hay que confundir con “pi”, según advierte el propio Brown), ni existe, ni ha existido nunca en las matemáticas ortodoxas tradicionales. Es un “invento” que no conozco de donde lo ha podido sacar el autor. Por supuesto, y en segundo lugar, el nombre de “divina proporción” es otro invento. El nombre matemáticamente conocido para esa relación, que no está definiendo en el texto, es el de “segmento áureo”. Los lados del cuadrilátero donde se puede encajar el Partenón cumplen esa propiedad: la altura de ese polígono es el “segmento áureo” de la base. Esa dimensión es posible trazarla facilmente sin conocer el número1,618, simplemente con una regla y un compás.
El Renacimiento tomó esa propiedad del clasicismo y la plasmó en obras pictóricas, escultóricas y múltiples edificios, pero jamás llegó a usarse el número 1,618 como tal, puesto que ni los clásicos ni los renacentistas conocían los números árabes y mucho menos la coma, (o el punto), como separador de decimales, que, recuérdese, no aparece hasta el siglo XVII. Por todo ello no logro descifrar a qué personajes se refiere el autor cuando habla de los “primeros científicos”, ¿será que para Dan Brown la ciencia comienza cuando aparece Newton?
Simplemente por no aburrir, la última utopía que aquí voy a citar, (digo utopía por estar fuera de la cronografía científica):
“En la actualidad esa línea estaba en Greenwich, Inglaterra” (evidentemente se refiere al meridiano inicial, que sigue estando allí y no sé por qué utiliza un tiempo verbal inadecuado).
“Pero mucho antes de que en esa localidad se estableciera el primer meridiano, la longitud cero de todo el mundo pasaba directamente por París, y atravesaba la iglesia de Saint-Sulpice. El indicador metálico que se veía hoy era un recuerdo al primer meridiano del mundo” (pág. 136).
Desconocemos donde Erastótenes y Marino de Tiro fijaron el primer meridiano de la Ecumene, pero no hay absolutamente ninguna duda de que Ptolomeo, en el siglo II de nuestra era, lo situó en Las Afortunadas, (actuales Islas Canarias), y que dicho meridiano fue fijado posteriormente en el límite más occidental de la Isla de El Hierro gracias a los viajes de Cristóbal Colón. Es obvio, pues, que su antigüedad es muy anterior a la del meridiano de París.
Queda demostrada, con las someras explicaciones anteriores, la ignorancia crasa del autor del muermo que nos ocupa en relación a la historia del conocimiento científico. Podía haber consultado a su padre un poquito más sobre las matemáticas que utiliza en su libro o sobre la parte de la Historia de la Ciencia que desconoce. Pero, es más, su ignorancia histórica corre pareja a la que acabo de exponer. Para muestra, la siguiente perla:
“Construida por los Caballeros Templarios en 1446, la capilla está llena de desconcertantes símbolos de las tradiciones hebrea, cristiana, egipcia, masónica y pagana” (pgn. 529).
Creo que no hace falta ningún añadido, para cualquier persona que conozca la fecha en qué desapareció la Orden del Temple (1314), si se sopesa con cuidado la frase resaltada por mí en negritas.
Si a todo ello unimos una redacción, que haría palidecer de vergüenza a Marcial Lafuente Estefanía, por citar a un autor denostado literariamente hablando; unos “misterios” o “claves” que no lo son para cualquier lector medianamente sutil; unos personajes que no son tales, sino simples soportes para la acción novelesca, junto a una visión absolutamente lineal y estereotipada de las instituciones que presenta. Me pregunto ¿qué es lo que hace que este bodrio sea un best-seller?
Y puedo entender que los intereses editoriales, la publicidad, y la ignorancia de lo que los americanos llaman las mass-media hagan que el libelo se venda. Pero no alcanzo a entender el interés de determinadas revistas o publicaciones que afirman seriamente su nivel científico y “dan cancha” a semejante paparruchada.
















Que vergüenza ..Yo lo leí ..a medias , Me lo regalaron (esa navidad todo el mundo lo regalaba) …Pero para mi era intragable , reconozco que no a causa de ver esta ignorancia y mercantilismo del que informas , ( y que tanto te agradezco) sino por ignarancia mía que no entendía nada ..y sólo me quedaba con sus aspectos más sensacionalistas …
Yo creo que el tio ponía phi …por sivergüencerçía , ..y quizás no fuera tan ignarante y metiera el bolo totalmente consciente de lo que hacía …
Si hubiera puesto (pi) , ..es posible que hubiera salido más de un matemático a decirle lo cara dura que era …
!!pues no voy yo a presumir poco, haciéndole ahora propaganda con este árticulo!!
Por: Colombine el Mayo 17, 2008
a las 12:04 pm
Soy físico y nunca había oído hablar del número phi, sí de la proporción áurea porque siempre me ha interesado el arte, y más en la actualidad que mi hijo pequeño está realizando cuarto de bellas artes.
El libro, un best seller que se deja leer, como novela que es, un refrito bastante bien elaborado de todas las fantasías que se vienen manejando desde hace mucho tiempo.
En fin,
Por: julio navarro el Mayo 17, 2008
a las 8:06 pm
Como casi todo lo del libro, la parte de Phi no se la ha inventado Brown y aparece en muchos sitios, hasta hay libros dedicados al número donde se citan todos esos nombres que se mencionas y más. Hay mucha mitología alrededor de ese número y de la proporción áurea en general y si te entretienes en comprobar las cosas no se sostienen. Por ejemplo, el tema del Partenón parece bastante poco probable cuando se analizan las proporciones reales del monumento, y desde luego no está documentado en ninguna fuente original. Escribí un pequeño artículo en mi blog: http://quesedesencajen.blogspot.com/2007/11/la-relacin-entre-el-partenn-y-el-nmero.html
Saludos.
Por: Roberto el Mayo 19, 2008
a las 5:16 am
Como dice Roberto el número phi no es un invento de Brown. Aparece en muchos textos. Es más existen dos números phi: uno PHI y otro phi y los llaman números de oro o áureos. Y se les llama phi en honor al escultor griego Phidias.
PHI = (1 + raiz cuadrada de 5)/ 2 = 1,6l803398…..
De cualquier forma es muy interesante lo que ocurre con estos números:
phi = 0,61803398…= cos. 51º 49′ 38″
PHI = 1,61803398…= sec. 51º 49′ 38″
1,61803398… * 1,61803398… = 2,61803398…
1,61803398… * 0,61803398… = 1
Los número PHI y phi son la medida, respectivamente, de los lados de los decágonos estrellado y convexo, inscritos en un círculo de radio igual a la unidad.
Y otras muchas más.
Un abrazo, amigo.
Por: Moisés el Mayo 21, 2008
a las 7:07 pm
Si os habeis fijado jamás corrijo mis errores y precisamente es porque son vuestrs aportaciones las que ayudan a que todos sepamos más sobre cualquier tema, así que gracias a los que contribuís con ellas.
Por: xpforo el Mayo 21, 2008
a las 7:22 pm
Totalmenbte de acuerdo con lo manifestado anteriormente.
Propongo relacionado con El Temple leer “Promesa de caballero medieval”.
Esta novela si es un besseller
En el lector de manuscristos de reciente aparicion el autor de esta novela le da un soberano repaso al exotérico Dan Brown
Por: manuel el Agosto 20, 2008
a las 1:23 pm